domingo, 5 de julio de 2015

Nuestros Músicos


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miércoles, 16 de noviembre de 2011

Antonio Estevez

El músico más profundo y emotivo de la gene­ración de compositores nacio­nalistas fue Antonio Estévez. En 1926 ingresó como miembro ejecutante de genis5 a una banda que había sido fundada ese año en el estado Guárico. El año 1931 ingresó a la Escuela de Música y Declamación en Caracas. En 1932 ingresó a la Banda Marcial, dirigi­da entonces por el maestro Pedro Elías Gutiérrez. En 1934 inició estudios de oboe con Mario DalFArgine, de clarinete con el profesor Miguel Gallo y de com­posición con el maestro Vicente Emilio Sojo. Para 1940, Estévez ya impartía clases de armonía. En 1942 contrajo nupcias con Flor Roffé; este año fundó el coro del Liceo Andrés Bello y el orfeón universitario de la Universidad Central de Venezuela. En 1944 egresó como maestro compositor de la Escuela Nacional de Música, formando parte de la primera promoción de compositores egre­sados de la cátedra de composi­ción de Sojo. Entre 1945 y 1949 viajó por Estados Unidos y Europa consolidando su forma­ción musical a través de estudios de dirección orquestal y compo­sición. Desde 1961 vivió en Europa, donde permaneció por un lapso de diez años. En 1971 se residenció en Caracas y creó el Estudio de Fonología Musical de Caracas, el cual dirigió hasta el año 1979. Su obra obtuvo renom­bre internacional por su Cantata Criolla, considerada la obra más significativa del nacionalismo musical venezolano. También pertenecen a su producción los siguientes títulos: Canción de la 'Molinera, para coro mixto, 1943. Concierto para Orquesta, 1949. Premio Nacional de Música, 1950. Diecisiete Canciones Infantiles para Piano, 1956. Polo Doliente, para canto y piano. 1957. Obertura Sesquicentenaria, 1962, Premio Nacional de Música, 1963. Cromovibrafonía Múltiple, para cinta magnetofónica, 1972. 

 Tomado del Libro: Sonido que Es Imagen… Imagen  que es Historia

Juan Bautista Plaza

Uno de nuestros más prolíficos y cultiva­dos compositores fue Juan Bautista Plaza. En 1915 comenzó a formalizar sus conocimientos musicales con el profesor Jesús María Suárez. En 1920, gracias al empeño de monseñor Ricardo Bartoloni, quien había conocido al joven Plaza en el Colegio Francés, recibió una beca del Cabildo Metropolitano de Caracas para realizar estudios en la Pontificia Escuela Superior de Música Sagrada, Roma. A su regreso, en 1923, Plaza asumió el cargo de organista y maestro de capilla en la catedral de Caracas, el cual conservó por veinticinco años. En 1924 recibió la cátedra de Armonía de la Escuela de Música y Declamación. El año 1931, fundó en la Escuela de Música y Declamación la cátedra de Historia de la Música. Entre los años 1933 y 1944 clasificó y restauró los manuscritos del Archivo de Música Colonial Venezolana, hoy en manos del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. En 1945 siendo director de Cultura y Bellas Artes, creó la Escuela Preparatoria de Música, actual Escuela de Música Juan Manuel Olivares, de la cual fue su director entre 1948 y 1962. Desarrolló una importante labor divulgativa como crítico musical y conferencista. Sus escritos sobre música colonial venezolana se destacan por su gran rigor analíti­co y por sus calificados juicios. Estos trabajos han sido recogidos en el texto Temas de Música Colonial Venezolana, editado en 1991 por la Fundación Vicente Emilio Sojo. Su catálogo de obras comprende más de trescientos títulos que abarcan obras reli­giosas, para orquesta, coro y orquesta, coro a capella, canto y piano, de cámara, entre las cuales están: Elegía para corno inglés y orquesta de cuerdas, 1923.Poema sinfónico El Picacho Abrupto, 1926.Fuga Criolla, para orquesta de cuerdas, 1931.Siete Canciones Venezolanas, sobre poesía de Luis Barrios Cruz, 1932.Misa de Réquiem, 1933.Nocturno, para piano, 1951.Díptico Espiritual para trío de cuerdas y piano, 1952.Diferencias sobre un aire venezolano, para violonchelo y piano, 1953.Sonata a dos pianos, 1955.Divertimento, para flauta, violín, violonchelo y piano. Pequeña Ofrenda Lírica, para bandoneón.
Tomado del Libro: Sonido que Es Imagen… Imagen  que es Historia

Inocente Carreño

Artista de expresión natural y espontánea, Inocente Carreño inició estudios musicales con Lino Gutiérrez, director de la Banda Luisa Cáceres Arismendi de Porlamar, agrupación a la cual ingresó cuando tenía 9 años de edad. Carreño ejecutaba en esta banda la trompeta y el redoblante. Sin embargo, su instrumento predilecto era la gui­tarra, ejecutada en diversos con­juntos musicales de los cuales formó parte en su juventud. En 1932 se trasladó a Caracas y se inscribió en la Escuela de Música y Declamación, actual Escuela Superior de Música "José Ángel Lamas", donde con la guía de Vicente Emilio Sojo egresó en 1946 como maestro compositor. También realizó estudios de trompeta con el profesor Federico Williams y clarinete con César Guzmán. En la Orquesta Sinfónica Venezuela participó en la fila de las trompas. En ocasión de su graduación compuso el poema sinfónico El Pozo. Ha abor­dado el género sinfónico, el de cámara, el vocal y el sinfónico coral. En su música, la melodía se convierte en el medio de expre­sión musical más espontáneo y sincero. Sus obras sinfónicas están rodeadas de una atmósfera delicada y sutil, donde bellos efectos y afortunadas combina­ciones tímbricas nos revelan sus virtuosas dotes de orquestador. Su obra más conocida es Suite Margariteña, obra sinfónica elaborada sobre motivos folklóri­cos de su región natal. Otras obras importantes dentro de su producción son: Azul, madrigal a cuatro voces. Premio Oficial de música vocal 1948.Obertura Na 1. Premio Vicente Emilio Sojo, 1955.Sinfónica Na 1. Premio Vicente Emilio Sojo, 1956.Cuarteto para Cuerdas .Sinfonieta para flauta y piano. Concierto para trompa y orquesta. Premio Vicente Emilio Sojo, 1958.Obertura Sinfónica. Premio Nacional de Música, 1961.Sinfonieta Satírica. Premio Nacional de Música de Cámara, 1965.Diálogo para flauta y orquesta. Cuerpo de Mar, madrigal a cuatro voces. Quinteto de Viento, 1968.                                                                                          

Daniel Milano


Compositor vene­zolano de fuerte raigambre popu­lar, Daniel Milano inició sus estu­dios musicales en la Escuela de Música de la Banda del Ministerio de Guerra y Marina dirigida entonces por el maestro Carlos Bonnet. Los conocimientos que adquirió en esa escuela le per­mitieron participar como instru­mentista, arreglista y compositor en distintas bandas locales, en orquestas de baile y en conjuntos populares. Ingresó luego en la Escuela Superior de Música 'José Ángel Lamas" donde realizó estudios con los maestros Juan Bautista Plaza, Vicente Emilio Sojo y Evencio Castellanos, entre otros. En 1967 recibió el diploma de maestro compositor; como obra de grado presentó el Poema Sinfónico "El Ávila". En 1968 fundó la Escuela de Capacitación Musical "Roberto Marcano", dependencia de la Asociación Musical del Distrito Federal y estado Miranda; esta institución tenía como objetivo la capacita­ción y tecnificación del músico de arraigo popular. Su producción musical ha estado caracterizada fundamentalmente por un afán de resaltar valores vernáculos venezolanos. La amplia gama de estilos y géneros musicales abarcada por él se extiende desde la composición y arreglo de pie­zas para instrumentos solistas y obras de cámara hasta las grandes formas para banda u orquesta sinfónica. Entre sus obras podemos destacar: Diecisiete Valses Venezolanos, 1966-1993.Tres Romanzas para voz y piano. Premio Nacional de Composición 1989. Serie de obras didácticas para coro, 1972-1983. Sonata para arcos, 1965.Elegía para Saxofón y Banda Sinfónica, Premio Nacional de Composición 1990.Concierto para Clarinete y Orquesta, Premio Municipal de Composición 1993.Copla y Folklore, Premio Municipal de Composición 1993, Mención Música Tradicional Venezolana.
Tomado del Libro: Sonido que Es Imagen… Imagen  que es Historia

Diego Silva


Músico de gran capacidad comunicativa. Diego Silva comenzó sus estudios musi­cales en Caracas el año 1970. En 1975 participó en la fundación de la Banda Renacentista de Caracas y en 1977 de la Camerata Renacentista de Caracas, agrupa­ciones en las cuales se desem­peñó como intérprete de diversos instrumentos antiguos y director de la Sección de Instrumentos de Cuerda. Elaboró programas sobre historia de la música occidental para la Emisora Cultural de Caracas y la Radio Nacional de Venezuela. Entre 1975 y 1978 realizó recitales en varias casas de cultura del país. Entre sus obras, las cuales han sido interpretadas en Venezuela, Estados Unidos, Alemania, Cuba, URRS, Reino Unido, España y Nicaragua, podemos citar: Sonatina y Guasa para flauta y guitarra, mejor obra del género en el Concurso del Dúo Hurlong Goldsmith, 1989,Concierto para Guitarra y Orquesta de Cámara, Premio Bienal Antonio Lauro, 1990.Caribe, tientos para guitarra y orquesta, Premio Bienal Antonio Lauro, 1992.Gráficas Sonoras, para cuatro percusionistas, piano y orquesta, Menci( Honorífica del Premio Nacional de Composición, 1992.Para compartir los pájaros, ronda sinfónica infantil, Mención Honorífica, Premio Nacional de Composición, 1992.Oráculo, para flauta, violonchelo y piano, Mención Honorífica, Premio Nacional de Composición, 1992.Ciclos de la Nueva Granada, suite para guitarra sola, Premio Bienal Antonio Lauro, 1994.

Alba Quintanilla

Una de las com­positoras más talentosa y mejor dotada de su generación fue Alba Quintanilla. A los diez años de edad ingresó en la Escuela Superior de Música 'José Ángel Lamas". En esta institución realizó estudios de arpa, canto, piano, clavecín y dirección de orquesta. Obtuvo el título de maestro compositor en 1966. Luego estuvo dos años en Polonia realizando estudios de per­feccionamiento en el Conser­vatorio de Varsovia gracias a una beca que le otorgó el INCIBA y el Ministerio de Educación. Como solista de arpa, piano y clavecín, Alba Quintanilla ha realizado numerosas presentaciones y recitales en Caracas y el interior del país. Fue la primera mujer en dirigir la Orquesta Sinfónica Venezuela, estrenando sus Tres Canciones para Mezzo-Soprano y Orquesta, obra que mereció en 1967 el Premio Nacional de Música. Ha realizado labores docentes en diversas instituciones musicales de Caracas y Maracay. Al poco tiempo de haber ingre­sado en la Escuela Superior de Música, Alba Quintanilla compu­so sus primeras obras para piano, piezas y esbozos en los cuales ya puede percibirse un pensamiento armónico y formal coherente, así como el empleo de ritmos y giros propios de la música venezolana. Entre las obras musicales de Alba Quintanilla podemos mencionar: Ciclo de canciones para soprano y piano, Premio Nacional de Música Vocal 1964.La Aldea, Cantata para tenor solista, coro y orquesta, sobre poemas de M.F. Rúgeles, Premio Nacional de Música Sinfónica Breve 1966.Tres canciones para Mezzo-soprano y orquesta, Premio Nacional de Música Vocal 1967.La Llanura, Cantata para coro mixto y orquesta de arcos, Texto de Vicente Gerbasi. Premio Pedro Nolasco Colón" 1969.Suite Venezolana, para piano.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Cruz Felipe Iriarte

Vine al mundo el 14 de Septiembre de 1922, en la Guaira Estado Vargas, mi nombre de pila es Luis Felipe Iriarte, mis primeros pasos en materia musical se remontan a 1940, con el profesor Juan Bautista Marcano; posteriormente ingreso a la Escuela Superior de Música de Santa Capilla, donde recibo clases de teoría y solfeo y armonía con los Maestros Vicente Emilio Sojo, Primo Mosquini, Antonio Estévez y Salvador Llamoza.para mantener mis estudios realizaba trabajos de albañilería y carpintería, a partir de mi educación musical recibida comienzo a disfrutar de las inmensas alegrías que me dará este arte, comienzo a realizar mis primeras composiciones y me dedico a la formación y dirección de orfeones, corales y estudiantinas tales como: el Orfeón de la Electricidad de Caracas, Orfeón del Instituto Puerto de laGuaira,Orfeon del Cuerpo de Bomberos del Distrito Capital y la Estudiantina de la Escuela Náutica de Venezuela, entre otros. Mi actividad como profesor me ha permitido impartir mis conocimientos en las distintas escuelas municipales del Estado Vargas, en El liceo José María Vargas, El Instituto de Comercio Licenciado Aranda y la Escuela de Formación de la Policía Metropolitana, en Caraballeda. En la actualidad soy profesor de cuatro y guitarra popular en la Escuela de Música Pablo Castellano y Director del Orfeón del Instituto Autónomo Aeropuerto de Maiquetía Simón Bolívar. Entre mis composiciones podemos mencionar: Juana y José, El Frutero, La Negra Dorotea, Esperanza, Creí, El Guaireño, Hortensia, Te Amare, Imposible Lagrimas Tristes, El Negrito Juan y Esto es La Guaira.

Alirio Diaz

En qué edad andaría yo cuando eche mano al cuatro? Sin duda, debí andar flotando por sobre las vaguedades de los sietes y nueve años, cuando ya tocaba ese instrumentos y aprendí a solas un popular valse venezolano,” El ausente”. Pero antes, a lo largo de mi infancia, varios factores del vivir de mi familia hubieron de contribuir afirmativamente a conformar esa sensación musical infantil, aunque los puedo comprender y explicar acudiendo únicamente a la imaginación y la tradición. Aprendí “El ausente” de oído, a fuerza de escucharlo durante los tres días que duraban las fiestas patronales de la Candelaria, interpretado por la banda “Lara” de Carora en las retretas, en los bailes y en la pulpería de mi padre. Pero el hecho de que lo tocase solo en el cuatro, un instrumento que ere entonces esencialmente acompañante y nunca melódico, quizás revelaba que mis instintos musicales estaban más atraídos por la melodía que por el rasgueo tonal. Imitaba cuanto hacían en el cuatro mi hermano Atanasio y Don Chepe Riera. En uno de mis encuentros con este ultimo me desafío a modo de broma “Vamos a ver si eres capaz de tocar esto”. Y se puso a tocar “La mula rucia” haciendo uso solamente del dedo índice de la mano izquierda yo lo imite repitiendo fielmente tal como él lo ejecutaba. “Y de esta otra manera”, continuo con la misma pieza, pero ahora en otro punto (tono), y yo volví a imitarlo fielmente. Desde entonces empecé la conquista de piropos en la aldea, y eran merecidos: había pasado con buenas calificaciones en aquel que vino a ser mi primer examen de admisión al mundo de la música. Al poco tiempo, entre los once y doce años de edad, le eche mano a la guitarra de mi hermana Angela, si bien en la realidad y en la practica el instrumento era de toda la familia una tribu en la que casi todos mis hermanos ¡once en total! Y mis padres lo pulsaban día y noche. Como se ve, tenía que ser a la fuerza una guitarra polígama. Curiosamente, en la candelaria el instrumento gozaba de muy especial popularidad en los años de mi infancia, y desde mucho antes en numerosos hogares se habían escuchado punteos y rasgueos, desde abuelos y bisabuelos hasta los últimos vástagos familiares. Lo propio había ocurrido en nuestra casa, en donde comencé a trastear la guitarra, siempre solo, teniendo como única guía artística el propio instinto. Note a mi favor que muchos acordes tenían posiciones idénticas a las del cuatro y observando como lo hacían mis parientes ¡menos mi padre, por ser zurdo!, fui añadiendo en los tonos los dos bajos del cordaje guitarrístico. A excepción de un solo acorde, precisamente el de la dominante de mí, todos los demás no fueron difíciles de vencer, y fue ese el único para el que tuve que pedir orientación: me fue dada por mi prima Alba Julia.  Tomado del libro: Al divisar el humo de la aldea nativa: Alirio Días   

martes, 9 de noviembre de 2010

Quinteto Contrapunto

Contrapunto:Es la escritura musical utilizada para componer música polifónica mediante el enlace de dos o más voces. Bajo esta técnica se forma un grupo musical de cinco voces llamado Quinteto Contrapunto, integrado  por el barítono Rafael Suarez en la dirección y los arreglos, el tenor Jesús Sevillano, Morella Muñoz y Aida Navarro mesosopranos, bajo vocal Domingo Mendoza. También fueron parte de esta agrupación las mesosopranos María Auristela Guanche, y Glory López. Así en año 1.962 nace el Quinteto Contrapunto, en pocos meses su éxito fue rotundo Contrapunto logra estilo propio, llegando  incorporar a la música popular Venezolana, la metodología y el tratamiento de la música académica. Para el momento de la aparición del Quinteto Contrapunto en Venezuela no se acostumbraba realizar concierto de música popular Venezolana, esto no fue obstáculo para el Quinteto Contrapunto e incluso fueron conocidos en toda América y Europa. Su primer disco llego a tener tal éxito que fueron vendidas 50.000 copias, solo en Venezuela, a partir de ese momento su aporte a la música Venezolana fue invaluable, dando origen a la aparición de innumerables seguidores de la tradición musical del Quinteto Contrapunto. De su corta pero fructífera vida el Quinteto Contrapunto produjo cinco discos, se grabaron los 4 primeros bajo el sello polidor y el número cinco con el sello vida record.

Ignacio "Indio" Figueredo

Naci el 31 de julio de 1.899 en un fundo denominado: Algarrobitos, Cunaviche Estado Apure mis padres fueron María Luisa Figueredo y Francisco “Pancho” López, fue mi Madre quien  apoyo desde que yo era muy niño mi vocación por el arpa apureña. Pancho López, mi padre fue un buen ejecutante de la bandola y la mandolina, instrumentos que tocaba en los bailes de los caseríos llaneros con él aprendí desde muy joven a cantar los pasajes y joropos recios que sonaban para ese entonces como: quirpas, pajarillos, chipolas y guacharacas. ¡Siempre  se me ha quedado grabado el canto limpio de la bandola! En 1.910 mi familia se establece en el sitio llamado la enmienda en San Juan de Payara, allí aprendí a arrear, enlazar, ordeñar, colear, torear. Yo no tuve maestro, ni escuela que me enseñara las primeras letras, lo lamento. En esa época no se conocía maestro la gente se criaba arriba de un caballo o un burro. En el año 1.911 mi madre contrata a Pedrito Herrera, uno de los mejores arpistas de la región. El baile comenzó a las seis de la tarde y desde su inicio hasta  que clareo el día, estuve parado detrás del taburete del magistral arpista. En aquella época casi no se tocaba el arpa sino bandola, yo no había escuchado el arpa, por cunaviche no se oía el arpa. Me gusto mucho el sonido de los bordones, pase toda la noche oyendo y viendo como afinaba y tocaba. Cuando termino la fiesta le pedí a mi madre  que me comprara un arpa, ella cambio una novilla por un arpa vieja y sin clavijas yo compre las cuerdas, llamadas catalanas y con la ayuda de mi padre logramos enclavijarla y encuérdala  y me puse a practicar lleno de entusiasmo durante cinco días, tratando de reproducir las melodías que le había escuchado a Pedrito Herrera, que por cierto el luego sería mi padrino de confirmación. Mi madre gratamente sorprendida por el talento de su hijo, organiza otro baile para dar a conocer al joven ejecutante cursando invitación al pueblo para que oyeran tocar a un niño. Se dio el baile entonces  toque distintos golpes: quirpas, pajarillos, San Rafael, ante la mirada incrédula de los asistentes. Desde aquel momento fui muy solicitado para animar reuniones familiares, yo era un muchachito alquilado porque desde aquel baile venían y le decían a mi mama yo quiero que me alquile al muchachito para que toque un baile de esa manera fue corriendo la fama de aquel joven virtuoso. Estuve llevando la música a todos los rincones de mi llano, en el día a caballo, como peón y en la noche con el arpa. Todo formaba parte de mi vida, el trabajo y la música se inspiraba mutuamente, por eso es posible escuchar el galope del caballo en la intensidad de un golpe llanero, así como el ganado es envuelto en la melodía del cabestrero y la vaca se entrega ante el canto del ordeño. Por su parte, los amores en el llano se acercan en el impetuoso ritmo de un baile de joropo.      

lunes, 18 de octubre de 2010

Jose "Chelias" Villarroel

Nace en los Millanes, Municipio Adrian, del Edo. Nueva Esparta el 16 de Febrero de 1924. Es llevado al Edo. Zulia por sus padres, regresa a Margarita en 1930. En el mismo año estudia en la escuela de su pueblo natal, la situación económica de la familia determina que a los doce años, Chelias se haga marinero y junto a su padre en la balandra “Esperanza” viaje por los caños del Delta del Orinoco y en innumerables ocasiones a la isla de trinidad. En 1936 abandona el oficio de marino y se perfecciona en el arte de la zapatería y al lado de su abuelo materno, se dedica a la agricultura, en ese periodo empieza a estudiar por su cuenta el arte, la religión, la historia, la poesía, la geografía, y los cantos y la tradiciones margariteñas, especialmente el velorio de cruz y en la literatura universal las  decimas en espinelas. Cuando tenía como doce años, yo escribí mi primera decima se la enseñe a un decimista muy famoso de Carupano, y él me dijo si usted sigue escribiendo así, usted va dar mucho que hacer aquí en Margarita. Me prepare unos tres años primero, como decimista, argumentos, lecciones, trovos, libros. Ya no estaba en la escuela, ya me había retirado de ahí, yo trabajaba zapatería. Tuve hacerlo para mantener a los muchachos, a los hermanitos, a mama, y a papa. que aquella época la alimentación margariteña era muy apegada a la verdura. Un pedazo grande de chaco, con un pancito valía una locha, se comían dos pedazos de chaco y un poco de jugo de tamarindo y estaba listo. El maíz lo train de los caños. Habían barcos de vela aquí cargando, y mujeres desgranando maíz en la calle la Aurora de Juangriego. Ya eso se nos fue se acabo. Eso era bellísimo ¿Dónde está eso? Solo en mi recuerdo por eso digo que esa vivencia contribuyo mucho en mi formación como ser humano y trabajador Luego me inicio en los velorios de cruz, pero ya con tres años de preparación. Cuando yo salgo, que fue en el velorio de los santos viejos, cuando yo me encuentro con esa gente, eso fue una sensación. Yo creo que era una melodía regular y una improvisación tremenda. Me voy preparando por botánica, por ciencia, por zoología, por gramática, por historia, por donde fuera. Me acuerdo que el primero con quien me enfrento es con Alejo Albornoz, era un poeta muy famoso. Entonces, con el transcurso del tiempo, sigo incursionando en los velorios me familiarizo con el conjunto de los hermanos Real. Entro después con el conjunto del gran mandolinista de oriente Cecilio Lunar, comencé cantando con el conjunto de Francisco Mata. En 1980 fundó el conjunto Madreperla…Al recordar a mi Margarita de entonces, me hiere el sentimiento, porque esa paz, esa mansedumbre, esa cordialidad en algunas personas no existe.

Juan Esteban Garcia

Yo oí unos negros cantando. A esos negros, concho, la cara no se les veía, era una música bonita, yo les tenía miedo. Y me metía debajo de la cama pa’ verlos canta sin asustarme, eran los Guarañeros. Lo que más me impresionaba era una mujer grandota bailando, era grandísima. Y después descubrí que eran hombres vestíos de mujer, pero cantaban bonito esa gente. Después de eso yo le cogía el hilo a mi mama, porque no se conocían las cuerdas, cogía una tablita, le hacia un hueco y les ponía las cuerditas, corticas. Mi mama me regañaba ¡Muchacho, me estas botando el hilo! Y yo seguía le pegaba un la lata de sardina atrás, y me pegaba a tocar mi vainita y tocaba eso como cuatro. Porque yo veía la gente tocar y decía ¡Cónchale esta gente toca sabroso! Después me compraron un cuatrico de verdad y yo me puse a tocar, a silbar yo mismo, los valses, los pasajes. Hasta que conocí a Manuel Marcano, que era el que tocaba nuestra bandola. Me oyó, lo acompañe, y él me pregunto que quien me había enseñado. “Nadie yo mismo que me enseñe”. Toco muchas horas, y para el tono que salía con las piezas, ahí estaba yo, acompañándolo, completico. Yo no me pelaba, Entonces me dijo “yo lo voy a enseñar bandola, porque nadie lo enseño a tocar cuatro y está tocando cuatro”. Inclusive el no sabe tocar cuatro… Y toca su bandola. Después conocí al indio Marcano, su hermano ese me cargaba, me llevaba en peso en los pasos de ríos. Me tenía que agarrar, porque yo estaba carajito y no podía con el agua. Me llevaba a tocar a San José de Rio Chico, y yo lo acompañaba. Cuando el dejaba la bandola y se iba por ahí, yo me ponía a practicar con ella. Y oía que la gente decía ¡Cónchale ese muchachito toca mejor que el indio! Después me ajunte con Juan Rebolledo Hernández que le decían El Papaupa de la Bandola de Barlovento. Tuve con el dos años, me quería como un hijo. Juan Rebolledo y yo, por allí por las costas del rio del Guapo, hoy en día le llaman Barro Seco. Yo le saque un pasaje, que se llama Barro Seco. Era el mejor bandolista de Barlovento. Y estaba uno que llamaban el Cante, que tanto le daba a esas maracas como cantaba bueno. Eso lo tengo yo por ahí como recuerdo. Y de ahí me fui agarrando todos los pasajes que tocaban esas gentes, y después que toco lo de ellos, comencé a sacar lo mío. Por ejemplo Los Cantiles, El Barro Seco, después yo tocaba los Yaguazos y un poco de esos golpes. Eso fue como en los años 30 más o menos yo era un carajito como de unos 16 años y ya estaba tocando bandola, la aprendí con un cuatro, porque la bandola era muy grande… Esa bicha no me cabía en la mano.