lunes, 18 de octubre de 2010

Juan Esteban Garcia

Yo oí unos negros cantando. A esos negros, concho, la cara no se les veía, era una música bonita, yo les tenía miedo. Y me metía debajo de la cama pa’ verlos canta sin asustarme, eran los Guarañeros. Lo que más me impresionaba era una mujer grandota bailando, era grandísima. Y después descubrí que eran hombres vestíos de mujer, pero cantaban bonito esa gente. Después de eso yo le cogía el hilo a mi mama, porque no se conocían las cuerdas, cogía una tablita, le hacia un hueco y les ponía las cuerditas, corticas. Mi mama me regañaba ¡Muchacho, me estas botando el hilo! Y yo seguía le pegaba un la lata de sardina atrás, y me pegaba a tocar mi vainita y tocaba eso como cuatro. Porque yo veía la gente tocar y decía ¡Cónchale esta gente toca sabroso! Después me compraron un cuatrico de verdad y yo me puse a tocar, a silbar yo mismo, los valses, los pasajes. Hasta que conocí a Manuel Marcano, que era el que tocaba nuestra bandola. Me oyó, lo acompañe, y él me pregunto que quien me había enseñado. “Nadie yo mismo que me enseñe”. Toco muchas horas, y para el tono que salía con las piezas, ahí estaba yo, acompañándolo, completico. Yo no me pelaba, Entonces me dijo “yo lo voy a enseñar bandola, porque nadie lo enseño a tocar cuatro y está tocando cuatro”. Inclusive el no sabe tocar cuatro… Y toca su bandola. Después conocí al indio Marcano, su hermano ese me cargaba, me llevaba en peso en los pasos de ríos. Me tenía que agarrar, porque yo estaba carajito y no podía con el agua. Me llevaba a tocar a San José de Rio Chico, y yo lo acompañaba. Cuando el dejaba la bandola y se iba por ahí, yo me ponía a practicar con ella. Y oía que la gente decía ¡Cónchale ese muchachito toca mejor que el indio! Después me ajunte con Juan Rebolledo Hernández que le decían El Papaupa de la Bandola de Barlovento. Tuve con el dos años, me quería como un hijo. Juan Rebolledo y yo, por allí por las costas del rio del Guapo, hoy en día le llaman Barro Seco. Yo le saque un pasaje, que se llama Barro Seco. Era el mejor bandolista de Barlovento. Y estaba uno que llamaban el Cante, que tanto le daba a esas maracas como cantaba bueno. Eso lo tengo yo por ahí como recuerdo. Y de ahí me fui agarrando todos los pasajes que tocaban esas gentes, y después que toco lo de ellos, comencé a sacar lo mío. Por ejemplo Los Cantiles, El Barro Seco, después yo tocaba los Yaguazos y un poco de esos golpes. Eso fue como en los años 30 más o menos yo era un carajito como de unos 16 años y ya estaba tocando bandola, la aprendí con un cuatro, porque la bandola era muy grande… Esa bicha no me cabía en la mano.

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