martes, 9 de noviembre de 2010

Ignacio "Indio" Figueredo

Naci el 31 de julio de 1.899 en un fundo denominado: Algarrobitos, Cunaviche Estado Apure mis padres fueron María Luisa Figueredo y Francisco “Pancho” López, fue mi Madre quien  apoyo desde que yo era muy niño mi vocación por el arpa apureña. Pancho López, mi padre fue un buen ejecutante de la bandola y la mandolina, instrumentos que tocaba en los bailes de los caseríos llaneros con él aprendí desde muy joven a cantar los pasajes y joropos recios que sonaban para ese entonces como: quirpas, pajarillos, chipolas y guacharacas. ¡Siempre  se me ha quedado grabado el canto limpio de la bandola! En 1.910 mi familia se establece en el sitio llamado la enmienda en San Juan de Payara, allí aprendí a arrear, enlazar, ordeñar, colear, torear. Yo no tuve maestro, ni escuela que me enseñara las primeras letras, lo lamento. En esa época no se conocía maestro la gente se criaba arriba de un caballo o un burro. En el año 1.911 mi madre contrata a Pedrito Herrera, uno de los mejores arpistas de la región. El baile comenzó a las seis de la tarde y desde su inicio hasta  que clareo el día, estuve parado detrás del taburete del magistral arpista. En aquella época casi no se tocaba el arpa sino bandola, yo no había escuchado el arpa, por cunaviche no se oía el arpa. Me gusto mucho el sonido de los bordones, pase toda la noche oyendo y viendo como afinaba y tocaba. Cuando termino la fiesta le pedí a mi madre  que me comprara un arpa, ella cambio una novilla por un arpa vieja y sin clavijas yo compre las cuerdas, llamadas catalanas y con la ayuda de mi padre logramos enclavijarla y encuérdala  y me puse a practicar lleno de entusiasmo durante cinco días, tratando de reproducir las melodías que le había escuchado a Pedrito Herrera, que por cierto el luego sería mi padrino de confirmación. Mi madre gratamente sorprendida por el talento de su hijo, organiza otro baile para dar a conocer al joven ejecutante cursando invitación al pueblo para que oyeran tocar a un niño. Se dio el baile entonces  toque distintos golpes: quirpas, pajarillos, San Rafael, ante la mirada incrédula de los asistentes. Desde aquel momento fui muy solicitado para animar reuniones familiares, yo era un muchachito alquilado porque desde aquel baile venían y le decían a mi mama yo quiero que me alquile al muchachito para que toque un baile de esa manera fue corriendo la fama de aquel joven virtuoso. Estuve llevando la música a todos los rincones de mi llano, en el día a caballo, como peón y en la noche con el arpa. Todo formaba parte de mi vida, el trabajo y la música se inspiraba mutuamente, por eso es posible escuchar el galope del caballo en la intensidad de un golpe llanero, así como el ganado es envuelto en la melodía del cabestrero y la vaca se entrega ante el canto del ordeño. Por su parte, los amores en el llano se acercan en el impetuoso ritmo de un baile de joropo.      

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